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El P. Pedro Velázquez tal vez pudo decir que se hizo sacerdote "por ver el mundo como es" y tratando de ayudarlo se desgastó su vida por él, primero en la parroquia, luego con la pluma, la voz, la promoción de agentes y multiplicadores del cambio social.

Vicario en la parroquia de Santa Julia aprendió –así lo confesó a una reportera de la revista señal- a conocer al pueblo y maduró su vocación social: "Participé de sus sufrimientos y miserias. Por lo menos dos gentes murieron de tuberculosis en mis brazos y varias veces me empiojé. Palpé de cerca la ignorancia, la superstición y las innumerables carencias de los pobres…, allí maduró mi vocación social".

Hoy para seguir sus huellas y enseñanzas habrá que convertirse como lo demandaba Juan Pablo II  "en siervo de todos" en el ejercicio del amor, evitando "el temor, la indecisión y la cobardía" y poniendo en obra "las medidas inspiradas en la solidaridad y el amor a los más pobres".

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CONTENIDO: La ley de leyes -Por encima del culto, la caridad -La caridad no es limosna -Toda superioridad es un puesto de servicio - Eminente dignidad del pobre -La primera enseñanza apostólica - Tres mentiras que falsean la religión -Responsables de nuestros hermanos -Formas de caridad -La caridad supone la justicia -La caridad dinamismo del bien común -Condiciones del bien común -“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia” -¿Evangelizar o humanizar? -Vocación humanitaria del cristianismo -¿Cofradía de los ausentes? -La unidad del mundo y los cristianos -Justicia, caridad y técnica -Libertad económica y justicia social -“Trabajo, pan y paraíso” - Tarea asistencial -Acción social -La acción religiosa -Es caridad respetar la libertad -Libertad y autoridad -Caminos de servidumbre -La penosa ascensión humana - La educación popular -Educación en la caridad -Tarea educadora del sacerdote -Epílogo.


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